Yo solo quiero decir lo siguiente:
No puedo vivir en un lugar que está en el trópico, donde hay frutas en cantidad (ananás o ananaes o piñas, sandías, naranjas, frutillas, melones, papayas, uvas, más otras que desconoceré), pero si vos salís un sábado a caminar temprano a la mañana, de 8 a 8.45, y al finalizar tenés ganas de tomarte un rico, refrescante y nutritivo jugo natural, y vas ilusionada a uno, dos, tres, cuatro, cinco bares, barcitos o cafés, te miran casi con lástima y te dicen "no, aquí jugo natural no hay." Hay gatorade, agua, jugos concentrados, mierdas azucaradas, pero un sencillo juguito de naranjas, un licuadito de piña, de esos que te hacen en Mar de Ajó o en cualquier otra playa argenta, uruguaya y supongo que brasileña, en un carrito, con una licuadora y unos hielitos, no hay.
Menos mal que mi chino amigo vende a dólar y pico una bandejita con rodajas de melón y dos (2) escarbadientes en sobrecitos, así que me compré eso y me lo comí sentada en el pasto.
Y aquí viene el segundo punto: no hay, en un barrio arbolado, lleno de verde, con unas placitas con el pasto prolijamente cortado, más que un (1) banco horrible, duro, de cemento, roto, para sentarse. Y se ve que a las hormigas les resulta muy raro que un ser humano se siente allí, así que te invaden y tenés que salir rajando al toque.
No hay jugos naturales, no hay bancos para sentarse, no hay veredas, hay millones de autos, millones de celulares y blackberrys (6.496.155, o sea dos por persona, según el diario de hoy)
Y llueve 8 o 9 de cada 12 meses.
Se entiende?, diría JCB...
No hay comentarios:
Publicar un comentario